Hace añadas, muchas, leĂ Generales y doctores de Carlos Loveira y Chirino, en la misma Ă©poca que tambiĂ©n leĂ la mejor —para mĂ al menos— y primera de las novelas de la “picaresca” caudillista de este lado del charco: Tirano Banderas, de RamĂłn del Valle-Inclán. (En stricto sensu, es la primera novela del ciclo de los esperpentos de Valle-Inclán pero tanto la identifico con Los Caprichos goyescos que no puedo apartarla de esa idea de “picaresca”: entre monstruos, esperpentos y pesadillas, ambas se combinan desde dos ojos —desemejantes pero no ciertamente disĂmiles ni disparejos— en sus miradas).
Para los que no hayan leĂdo a Loveira y Chirino y su Generales y doctores, harĂ© una brevĂsima reseña. En resumen, Las AmĂ©ricas —Las Bolivias somos ejemplo— hemos sido gobernadas, en gran mayorĂa y larga sucesiĂłn, por Generales y por Doctores (doctores “de algo”) desde nuestras independencias, cuando cambiamos al ibero por el anglosajĂłn —los primeros tomando tĂ©, los de despuĂ©s mascando chicles— y de ser todos partes de cuatro partes —con mucho en comĂşn— de un Imperio decadente (Nuevo MĂ©xico, Nueva Granada, PerĂş y La Plata) terminamos en una larga ristra de RepĂşblicas: a hoy 19 (y una colonia: Puerto Rico), muchas veces despepitadas (me disculpa si ofendo a alguien) y la mar de las veces, desde entonces, gobernadas por los criollos (o aspirantes a serlo, no importa matiz de piel ni apellido, sino pregĂşntesele a Chávez… o al pajarito que le habla a Maduro) que antes de esas independencias eran los dueños de la riqueza y luego fueron… los dueños de la riqueza y del Poder (para perjuicio usual de los pueblos indĂgenas, aunque los indianistas y muchos indigenistas no quieran reconocerlo porque mojarĂa sus discursos).
Generales y doctores trata de ellos: de los que ocuparon el Poder luego de las menguadas “independencias” y de los que, dos siglos despuĂ©s, han seguido ocupándolo o forzando para ocuparlo. (Aclaro el porquĂ© de “independencias”: no pocas lo fueron tanto menos que en su autonomĂa antes; muchas se endeudaron con AlbiĂłn, primero, y EEUU despuĂ©s, “impagando” sus deudas por incapacidad de hacerlo, y Ă©ste es uno de sus más graves factores: muchos de nuestros paĂses tras su divisiĂłn “independiente” —atomizaciĂłn en el caso centroamericano, por ejemplo— no incluyeron la viabilidad a futuro. Claro que los más grandes y ricos: Brasil —el ImpĂ©rio do Brasil que se dedicĂł empeñosamente a despojar a sus vecinos—, Argentina —antes de ser paĂs de migrantes fue paĂs exterminador de indĂgenas—, PerĂş, Colombia y MĂ©xico —el que más latrocinio de su vecino sufrió— tampoco llegaron entonces, ni ahora, a un Primer Mundo y algunos se contenta con el secundonaje BRICS. En resumen: beneficio de unos pocos —los ganadores— y no-beneficio de los más —los no-ganadores—; “independencias” que, muchas más de las veces, me recuerdan las “nacionalizaciones” del 2006).
Vuelvo a Generales y doctores: Milicos caudillos y caudillos doctores (éstos abogados muchas veces, médicos otras, asaz economistas —pseudoeconomistas— tal vez), iluminados o sin luz propia, nos han gobernado en toda la historia postcolonial, regidos por su ego, su apetito o a veces su lujuria (ya sabemos de los Perones y los Evos que gustaban de adolescencias impúberes) o la combinación de algunas o todas.
Sin regodear más la historia, hoy en Las Bolivias repetimos —no pudimos escaparnos de nuevo— de una historia de Generales y doctores cual parodia: un pseudoCaudillo de huestes iletradas (las más fáciles de convencer con canicas), un no-General de no-batallas con ansias de predestinado (un dĂa se enterĂł “que lo parecerĂa” cuando ONGs del Primer Mundo se lo dijeron y un sĂ-Milico, Chavez, sobĂł su pelo y le llamĂł «indio», quiĂ©n sabe con cuánta sorna criolla llanera). Y como hay no-Generales pseudoCaudillos, hay tambiĂ©n no-doctores: “licenciados” que vivieron su gloria de indulgencias ajenas —el sĂşper boom de los commodities de 2008 al 2014— y de silenciar coautorĂas —Villegas— (ojalá no le echen la culpa a Ă©ste del descalabro ahora que nos hundimos en Ă©l) mientras que ante el Jefazo doblaba la cerviz como eficiente YesBoy (escalĂłn inferior al YesMan).
Nuestros dos pseudoCaudillos —el no-General y el no-doctor— hoy son enemigos. A muerte… o por el puesto de Poder, que es lo mismo. Se amagan, se dinamitan espacios, se agreden, se insultan… Todo les es factible por ese Puesto. Pero ni uno lo reconsquista ni quiere dejar de hacerlo ni el otro lo deja ni quiere dejarlo.
ÂżSe abuenarán? No lo creo porque los dos bien saben que el dĂ©bil pierde todo: es un juego win win por todo, o de lose lose (no es de sumar y perder y compensar) poeque ambos se han conocido antes y —a dentelladas— ahora. No sĂłlo ellos, el no-General y el no-doctor, porque los pseudoCaudillos tienen cortes —más que cohortes— de áulicos que, incluso en el imposible caso de una entente cordiale —muy hipotĂ©tico “entendimiento feliz”—, los dos pseudoCaudillos eliminarĂan muchos (más aun el que cediera más).
Mientras tanto, sigue avanzando, imparable, la procesiĂłn de la crisis. Cualquier soluciĂłn desde los pseudoCaudillos —más allá de las acusaciones— es mero suicidio (el Paz Estenssoro del 52 no se suicidĂł con el 21060 porque a) habĂan pasado muchos años entre esas fechas y b) porque —casi casi como ahora— “el excremento nos ahogaba”). Y, ahora al menos, las multiplicadas oposiciones —más allá de voces y entusiasmos y con meritorias exenciones de la medianĂa mediocre pero, lamentablemente, sin futuro aĂşn hoy— no pasan de “almas suspendidas”.
Dios se apiade de todos nosotros, los demás de este cuento.
JOSÉ RAFAEL VILAR
ANALISTA POLĂŤTICO
