Tan pronto como en 2021 ya se vislumbrĂł que habrĂa un choque de trenes dentro del —hasta entonces— oficialismo masista: el primer silletazo de Morales Ayma fue como el preludio todavĂa tĂmido de lo que se vendrĂa dentro del (hasta entonces, supuesto) fĂ©rreo control del MAS que tenĂa el (aparentemente) todopoderoso Jefazo. Desde entonces, Arce Catacora —y su cohorte, como tambiĂ©n en su momento hizo Evo con muchos, incluidos de los antes suyos, como Loayza y EscĂłbar— le ha hecho morder los sapos de sus mismas chicanas legales y sus trapisondeadas polĂticas.
En las elecciones de 2020, todos los contrincantes del candidato del MAS —cuatro opositores, por ende, a ese modelo— obtuvieron en total 2.765.159 votos (el 44,9 %), 628.893 menos, el 10,21 % de diferencia entre el MAS y todos los demás: incluso unidos hubieran perdido por el porcentaje y por la diferencia. En 2019, fraude oficialista incluido, la suma de las oposiciones —nueve— obtuvieron el 53,61 %.
Pero no hubo unidad en ese entonces, ni en 2020. ¿Habrá ahora? Pero primero hablemos de liderazgos.
Obviando los cambiacasacas (en 2019 Chi Hyun Chung fue candidato presidencial con el PDC y en 2020 con el FPV, organización que en 2019 llevó a Ruth Nina Juchani con su baza presidencial y en 2020 ella fue por PAN-BOL) y las alianzas (en CREEMOS, que apareció en 2020, se acoplaron DEMÓCRATAS y UCS), Chi Hyun y Camacho Vaca se anuncian para repetir en 2025 y, posiblemente, también vaya De Mesa Gisbert; súmeseles una decena larga —hasta ahora, al menos— de precandidatos anunciados.
A la atomización se suma que las encuestas de preferencia entre electores han arrojado la expectativa mayoritaria por un candidato nuevo, asà como un candidato joven. Coincido con mi conocedor amigo Walter Guevara Anaya que existe «un montón de candidaturas menores en pos de una sigla, asà como varias siglas menores en pos de un candidato mayor. No hay por qué ningunear estas dos aspiraciones» porque, como también afirma Guevara Anaya: «La democracia es ancha como la puerta de un establo» (y vaya que en el establo de nuestra democracia siempre joven, porque cada cierto tiempo tiene que volver a iniciarse, han entrado hasta corderos, becerros, toros y burros).
Sin embargo —y me disculpo con mi amigo Walter— coincido más con RaĂşl Peñaranda Undurraga en que una selecciĂłn vĂa primaria puede terminar siendo excluyente porque «ante tan diversas posturas y liderazgos opositores en Bolivia, lograr esa unidad es remoto [y] se marginan de inmediato a los indecisos y a quienes apoyaron en el pasado al MAS [hoy dos MAS, y seguro que hay los hartos con uno u otro], pero que ahora podrĂan cambiar su voto».
En resumen, coincido en que la elecciĂłn no puede ser «ellos contra nosotros», sino «ellos junto a nosotros» pero definitivamente no concuerdo en que algĂşn precandidato actual —de los tantos que han aflorado— tiene ni el empuje ni el reconocimiento para hacer la sumatoria de voluntades (al fin de todo, la selecciĂłn de Edmundo González Urrutia como candidato mayoritario opositor fue gracias al prestigio y firmeza de MarĂa Corina Machado Parisca sumando voluntades en la Plataforma Unitaria Democrática y el desprendimiento —que lo fue— de Manuel Rosales Guerrero porque las inĂ©ditas primarias —con todo el Ă©xito que fueron— fracasaron ante la arremetida madurista): Ni Jorge Quiroga en 2005 (28,62 %), Manfred Reyes Villa en 2009 (26,46 %), Samuel Doria Medina en 2014 (24.23 %) y Carlos de Mesa en 2019 (el que, a pesar del fraude, más se acercĂł a un voto casi unitario por «ellos contra nosotros»: 36,51 %) y 2020 (28,83 %, regresando a la media de los opositores mejor situados en las elecciones desde 2005); pero el refuerzo desprendido sumado —que no es candidatura Ăşnica sino suma mayoritaria— el 14,25 % de Doria Medina y Nagatani en 2005, o el 14,00 % de Camacho en 2020 hubieran significado algo (como tambiĂ©n lo hubieran sido las sumas de Doria Medina y Joaquino en el 2009 o, incluso, de Quiroga en 2014 y de Ortiz en 2019). Eso a pesar de lo que Manfredo Kempff Suárez ha denominado como nuestra «democracia tramposa». (Una encuesta de Diagnosis de inicios de mayo da el 44% al actual arco del “oficialismo” —MASEvo y MASArce más excrecencias— versus el 41 % a toda la oposiciĂłn investigada… de la oposiciĂłn gana la categorĂa de largo la categorĂa nueva oposiciĂłn y del “oficialismo” Arce, pero con mucha miseria de votos…)
A hoy, asĂ visto el panorama da una sarta de pobrezas —en recursos la mayorĂa y en todos en adherentes, estructuras y Programas— que conllevará las elecciones tal una pelea que, para los más de los opositores, será de escarbar migajas y que, para los menos de ellos, será cainita para unos y de rĂ©quiem para otros…y no hablo de “oficialistas”.
Me queda un tema del candelero y —por qué no— candilejas: El rifirrafe entre Javier Milei y Pedro Sánchez (llámele escandalete, follón, alboroto, trifulca, zapatiesta, gresca, tremolina, jaleo o burundanga, como prefiera).
Empecemos por lo más publicitado. En una masiva asamblea de simpatizantes del partido VOX —de derecha, derecha dura, pero lejos de ser fascista (recordando a los desmemoriados que el fascismo y el nazismo surgieron de dos partidos socialistas que cambiaron clases por nacionalismos)—, Javier Milei, orador invitado como otros lĂderes conservadores de ambos lados del Charco Nuestro —desde liberales hasta estatistas—, encendiĂł su diatriba habitual contra el socialismo y de ahĂ pasĂł a una clara insinuaciĂłn —aunque sin nombre— de Pedro Sánchez y su mujer: «QuĂ© calaña de gente atornillada al poder. Aun cuando tenga la mujer corrupta, se ensucia y se tome cinco dĂas para pensarlo». A cada cual, un sayo.
Lo desmenuzarĂ© mi análisis para hacerlo más rápida su comprensiĂłn. Primero que todo: Javier Milei —conocido por su estilo estridente y su retĂłrica incendiaria que les han sido siempre muy efectivos para ganar pĂşblicos— se proyecta como lĂder mundial conservador —tanto de los sectores liberales como de los no liberales (como la estatista Le Pen)— y el primer round fue en Davos; por el contrario, Sánchez es la cabeza de la Internacional Socialista y para ello tiene que afianzar su posiciĂłn e imagen a como dĂ© lugar, algo que tambiĂ©n es tarea empeñosa por Milei.
Segundo: Milei tiene que movilizar a sus adherentes —golpeados por las medidas de cambio implementadas pero aĂşn apoyándolo mayoritariamente a Ă©l aunque no lo hagan con todas sus medidas— mientras arregla el embrollo econĂłmico heredado del kirchnerismo (decrecencias incluidas) con necesarias afecciones a la gente (sobre todo, a la clase media); por su parte, Sánchez aĂşn no sabe si se repetirán las elecciones catalanas (el PSC —filial local del PSOE sanchista— fue primera votaciĂłn pero no tiene mayorĂa y depende del nacionalismo moderado de Esquerra, que podrĂa cobrárselo muy caro si se decide a colgarse) y se enfrenta a las elecciones europeas que no se le auguran (a pesar de las encuestas del CIS protoficialista).
Tercero: De Milei, Ă“scar Puente (ministro de Transportes y Movilidad Sostenible de Sánchez) le dijo drogadicto en un evento pĂşblico y registrado —«no sĂ© en quĂ© estado previo a la ingesta o despuĂ©s de la ingesta de no sĂ© quĂ© sustancias»— y nadie en España se disculpĂł, como tampoco de lo dicho por la ministra de Ciencia, InnovaciĂłn y Universidades de Sánchez, Diana Morant, quien acusĂł a Milei de representar un «modelo negacionista» que «atenta contra la propia democracia» o la vicepresidenta segunda y Ministra de Trabajo española, Yolanda DĂaz —de filiaciĂłn comunista y aliada con SUMAR de Sánchez— cuando cargĂł contra Ă©l y lo acusĂł de ser «un generador de odio» (el insulto de Puente fue la razĂłn aducida por el Gobierno argentino para que Milei no se reuniera con el silenciado Sánchez); la querella contra Begoña GĂłmez Fernández está en los tribunales (“todos somos inocentes hasta que se prueba lo contrario” pero aĂşn no le ha ido bien por sus “recomendaciones”; los denunciantes son el Colectivo “Manos Limpias”) y, además, ella no es —ni representa— el Estado español (Emilio de Diego caricaturizĂł la posiciĂłn que le “ofrendaron” sus defensores desde el Gobierno: «Ni don Quijote, en sus mayores delirios, cayĂł en el disparate de elevar a Aldonza Lorenzo a categorĂa de instituciĂłn fundamental del reino»); hasta ahora, los insultos a la Corona de los mandamases de Nicaragua, Venezuela y MĂ©xico o de los independentistas no habĂan levantado sonrojo en el Ejecutivo socialista. Ah, y Cuarto: en noviembre pasado —cinco dĂas antes de la segunda vuelta—, Sánchez dijo sobre Sergio Massa, el contrincante de Milei: «Frente a la estridencia, representa la tolerancia y el diálogo. […] Por eso, querido Sergio, te envĂo todo mi apoyo desde España […]. Suerte y a ganar!»
¿Quién se sonroja? Yo no.
